Tres cubiertos que no deben faltar en la mesa de lectura
1 sep
Durante los casi treinta años de trayectoria de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez no se ha vivido una circunstancia en la que concurrieran unas condiciones con tanta capacidad de afectar la práctica de la lectura, el terreno de actuación de nuestra institución. Hay un conjunto de variables que han inducido a un cambio en la práctica de la lectura que acusan el impacto de la mutación que se está produciendo en la industria y el mercado del libro, como consecuencia del proceso de digitalización.
Sin embargo, a pesar de lo inseguro y cambiante del terreno que pisamos, se pueden formular unas breves conclusiones sobre el impacto del proceso que está viviendo la lectura, las cuales ya parecen suficientemente asentadas:
- La sociedad del siglo XXI se muestra como un entorno de lectura. La implantación de un ecosistema en el que hay una comunidad global de generación e intercambio de información exige de sus integrantes el ejercicio de la lectura y la escritura (¿sociedad del conocimiento?).
- La sencillez del acceso a contenidos generados en sociedades ajenas o desde entornos especializados, se realiza sin todas las herramientas necesarias para su comprensión. Aunque, como vemos en los centros de la Fundación, esta carencia no es percibida por los lectores más jóvenes.
- La cantidad ilimitada de textos accesibles se presenta sin una organización jerárquica y si que los lectores sean capaces de calibrar la solvencia de las fuentes.
Por tanto, el éxito y satisfacción (lo que es crucial) en la experiencia y resultados de la lectura es proporcional a las competencias en la selección de fuentes y contenidos, en la comprensión de una mayor variedad de textos y en la participación creativa mediante la valoración y la escritura de que disponga el lector.
Luis González
Director Adjunto de la FGSR
Bienvenidos al cambio de casi todo (menos el “deber ser”)
27 ago
Si buscamos alguna clave sobre lo que sucede con la lectura en un nuevo entorno de acceso a contenidos culturales y educativos: la generalización de lo digital, es razonable observar lo que sucede con los que están más integrados en el ecosistema digital, los más jóvenes.
En cuanto a su comportamiento lector, en lo relativo a los tan comentados hábitos de lectura detectamos algo muy intrigante: mientras los jóvenes señalan en nuestros estudios cualitativos que leen poco, el “barómetro” cuantitativo de lectura imputa unos índices de lectura a los más jóvenes de hasta 61 puntos superiores que los del segmento de mayor edad en la población española. De modo paralelo, mientras los más jóvenes manejan un concepto de lectura que reside exclusivamente en los libros de narrativa literaria, su práctica real es intensiva y extensiva: leen y escriben, leen libros y revistas, leen y se comunican en Internet.
Estamos casi obligados a sugerir una interpretación: quizás haya en nuestra mirada (y en la de los jóvenes mismos) sobre la realidad de la lectura un desajuste entre el deber ser de la lectura, cristalizado en unos conceptos e imaginarios heredados y generalizados, los atributos y valores que los mismos individuos otorgan a la lectura y, por último, sus prácticas reales más activas y ricas.
Luis González
Director Adjunto de la FGSR
